Gastronomía, teatro y música

Publicado el 28.03.2015


El 27 de marzo se celebra el día mundial del teatro. El 1961 El Instituto Internacional del Teatro (ITI), una organización internacional, decidió poner esta fecha para recordar la importancia de este arte. Desde luego que el teatro es una actividad artística fundamental de la cultura de todos los tiempo, pero el comportamiento de lxs espectadorxs en el teatro no siempre ha sido igual.

Cuando hoy entramos a un teatro todo es muy aséptico, limpio y ordenado, pero hace no muchos años atrás, el teatro era todo un evento social. Como tal, la gastronomía no estaba ausente. De hecho, eso de ver las representaciones a oscuras, es una cosa relativamente nueva, ya que antes se iluminaba la sala durante todo el espectáculo para que la gente pudiera ver la comida y bebida de sus propios banquetes y también la de los vecinxs. En más de una ocasión la comida servía como objeto arrojadizo en las riñas entre palcos y plateas., o también para manifestar el desagrado ante la actuación.

Las representaciones teatrales y de ópera, duraban unas cuantas horas, por lo cual la comida nunca podía faltar, ya que al teatro no se iba sólo a mirar y escuchar, sino a conversar, interactuar con otrxs espectadorxs, a beber y comer. Al advertir esto, los empresarios avizores comenzaron a ofrecer sus propios menús: café licores, aguardientes, chocolates, habas, frutos secos, etc. Tal vez, posteriormente, esta práctica haya sido el origen de la desagradable costumbre de comer palomitas en el cine.

Sorbete

Sorbete

Un plato muy curioso servido en los teatros donde se representaba ópera, era el ‘sorbete’. Esta costumbre se asentó especialmente en Italia y Francia en los siglos XVI, XVII y XVIII. El sorbete originario fue el ‘abuelo’ de lo que conocemos hoy con ese nombre. Hay que tener en cuenta que no existían las neveras para mantener fríos los alimentos, así que se servían con hielo o nieve (algo que pasó a la receta actual). Se trataba de una bebida alimenticia, realizada a base de yemas de huevo crudas, azúcar, limones y otros aromatizantes y agua. El sorbete se servía en una Sorbetera, una vasija adornada que se acompañaba con una cuchara de plata.

El sorbete estaba tan extendido en el consumo popular teatral, que repercutió en las mismas representaciones de ópera. A partir de este plato/bebida se creó un tipo de aria llamada “aria del sorbete” (aria di sorbetto), que se representaba en el segundo acto de la ópera, con intérpretes de segundo orden  Cuando se ejecutaba esa aria, el público aprovechaba la pausa para saciar su sed.

Hoy los sorbetes se ofrecen a los comensales como una pausa entre dos platos de sabores intensos o pesados (como platos grasos, carnes, etc.). Lo mismo que se hacía en los teatros con la interpretación, en medio de dos actuaciones magistrales los espectadores realizaban una pausa-sorbete para cambiar el sabor de boca.

opera Además de los teatros donde se llevaban a cabo representaciones, la gastronomía también está  ligada a la música. En la sociedad europea del siglo XIX, los cafés eran el lugar de reunión, donde se podía beber y disfrutar de la interpretación en vivo. De hecho, los famosos cafés vieneses, dieron lugar al nacimiento de los valses. En esos cafés había algunos instrumentistas y cantantes, que atraían al público bebedor y con menos posibilidades económicas para acudir a los teatros. La familia Strauss (Johann, Joseph y Eduard), monopolizaban los cafés de la ciudad y la periferia de Viena. El mismo Beethoven también tocó el piano en un café del parque de Prater (en Viena), así como Schubert congregaba a sus amigos en el café Bogner.

Si quieres saber más sobre la relación entre comida, teatro y música, te recomendamos este libro del italiano Roberto Iovino.

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