Los comercios históricos, ¿también son cultura?

Publicado el 02.04.2015


La pregunta sobre si la gastronomía es cultura o no lo es, parecería ser trivial, sin embargo es un tema que atañe a la antropología, los estudios culturales y también se relaciona con las políticas públicas y a la forma en la que trabamos relaciones sociales con nuestro entorno más inmediato. Responder a esta cuestión es fundamental para comprender qué y quiénes somos.

Que las cosas del comer y del beber son parte de los bienes culturales de una nación, es algo incuestionable en países como Francia, Bélgica, etc. Por ello desde las políticas públicas de estos países se impulsa todo lo relativo a las cuestiones gastronómicas, que también representan una gran fuente de ingresos. En España, la comida sirve como buque insignia del turismo y de la horrorosa ”marca España”, pero al mismo tiempo la gastronomía no es protegida parte de los bienes culturales del país, aunque esto comienza a cambiar muy lentamente.

Hace unos meses nos referíamos a este tema, porque en enero de este año se modificó en Cataluña la Ley de Artesanía Alimentaria y Productos de la Tierra, incluyendo a los bacaladeros y a los productores de cervezas artesanas, reconociendo el valor cultural de ciertas costumbres alimentarias y formas de producción.

Ultramarinos / Los Foodistas

Ultramarinos / Los Foodistas

Por otro lado observamos que las políticas locales están destruyendo las particularidades que caracterizan cada región, implantando un modelo de uniformidad de ciudades. Esto es fácil de observar, pasas de una ciudad a otra y siempre tienes la sensación de estar en el mismo lugar: cadenas de supermercados, tiendas de alimentación, restaurantes y comercios en general, todos clonados. Sí, la aldea global y todas las explicaciones que queramos argumentar…. pero lo que es indiscutible es la destrucción del tejido de comercio local. Esas tiendas de ‘toda la vida’ que no sólo son defendibles por pintorescas, sino también porque implican un modo de sociabilidad, una identidad local y un tipo de comercio de proximidad. Lo más curioso de la lógica de la uniformidad, es que en más de una ocasión se sustituyen las tiendas de antaño por otras estilo ‘vintage’ o que emulan ‘lo de antes’. En fin…

Los locales comerciales verdaderamente históricos son emblemáticos dentro de la fisonomía de la ciudad y una referencia para muchas generaciones. Además cumplen con una función comunitaria, configuran el carácter de los barrios y en este sentido son patrimonio material o inmaterial de las ciudades. Ahora estos comercios están siendo víctimas de una configuración urbana donde prima la ley del más fuerte: las grandes empresas y la ‘ciudades marca’. Los comercios históricos de la ciudad, también explican parte de la vida de la gente de esa ciudad o pueblo, y son parte de historia (pequeña) de la vida de un país.

 

Colmado Quilez / Los Foodistas

Colmado Quilez / Los Foodistas

Esto es lo que está ocurriendo en la ciudad de Barcelona, asediada por el turismo masivo de cruceros, que baja en Barcelona para ver flamenco, comer tapas y beber sangría en jarras de litro con 10 pajitas de colores, como si fuera lo típico de la comida catalana. La ciudad que se vende al exterior como “la mejor tienda del mundo”, ha decidido (de espalda a sus habitantes) que todas las calles parezcan una. Poco a poco van despareciendo bares históricos, tiendas de ultramarinos como el Colmado Quilez que llevan tiempo viendo amenazada su continuidad en la Rambla Catalunya, etc. Esta misma semana aparecía una nueva noticia de otra tienda que desparece y que decidió llevar su batalla a los tribunales. Se trata de pequeña panadería del barrio de Gracia, que tiene un horno de leña que, en el caso de no poder seguir en su antiguo local, tampoco podría trasladarse.

Evidentemente los comercios deben modernizarse, adaptarse a las nuevas normativas de sanidad y otras pero, ¿es necesario deshacerse de todo lo ‘viejo’? Las actuales dueñas de la panadería de Gracia han decidido resistir hasta el final para defender su tienda y el horno, tal vez sea un buen ejemplo: unirnos a nuestrxs vecinas para impedir que las políticas que buscan la homogeneidad de las identidades de los barrios proliferen.

 

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