Restaurante “La niña de mis ojos”

Publicado el 28.01.2018


Mimado en todos los detalles y especialmente en la elección de los productos. Así es “La Niña de mis ojos”, un restaurante de la zona alta de Barcelona que más que un negocio es una apuesta familiar.

Tataki de Atún, con berenjenas, cremoso de Nori y Wasabi Kizami /Foto: Godo Chillida para Los Foodistas©

“La niña de mis ojos” es un proyecto muy especial, comandado por una familia dedicada por generaciones a la cocina. El chef, Javier Muñoz Orobitg estuvo al frente de la Masía de Sant Cugat y también tuvo una versión culinaria más mediática, con su breve paso por un concurso de TV., pero en su nuevo restaurante no es eso lo que destaca.

Cuando entras a “La niña” casi te metes de cabeza en la cocina y esto, tal vez, sea una declaración de intenciones: cocina a la vista y en primer lugar. El espacio parece pequeño, pero engaña. Puedes elegir jugar un mano a mano con los cocineros sentándote en la barra (ubicada casi en el “pase”), o en las mesas que están más próximas a este espacio. Luego está el salón de la planta baja, una primera planta con vistas a una terraza interior y un pequeño reservado. Además, en la planta baja hay una gran sala (preparada para eventos y presentaciones). En fin, tres pisos y cada uno de ellos con múltiples funciones, acogedores y bien ambientados para invitar al disfrute pausado.

Las bravas de La Niña de mis Ojos /Foto: Godo Chillida para Los Foodistas©

La carta es corta y basada en la estacionalidad, fundamentalmente estructurada sobre recetas clásicas con pequeños guiños creativos y toques asiáticos, escogidos con criterio y sin voluntad de ostentación, aunque dejan traslucir un gran trabajo técnico (salsas, reducciones, emplatados, etc.). En la sección de “clásicos”, reina el tapeo y no faltan las bravas, que en la versión de Orobitg son un mil hojas de patatas (crujientes por fuera y melosas por dentro), con un punto ‘bravo’ alioli, sésamo negro y saté. También hay croquetas; sardinas y anchoas. En la ensaladilla rusa de “La Niña de mis ojos” puedes ver su preferencia por los productos de calidad: centolla, gambas y huevas de pez volador, acompañada de unos picos adictivos.

Ensaladilla Rusa con centolla y huevas de pez volador /Foto: Godo Chillida para Los Foodistas©

Luego vienen los platos para compartir: entrantes y principales. Uno de los platos que nos gustó mucho fue la esqueixada de bacalao, sobre sopa de aceitunas. La esqueixada es el relleno de un tomate que, al partirlo, deja al descubierto unos buenos trozos de pescado estupendamente alineados. La presentación parece un cuadro propio de la complejidad del barroco, que esconde pliegues que debes ir descubriendo. En esta línea, también enmarcamos los bombones de carpaccio de gamba, rellenos de sepia, verduritas, mini mezclum y salsa americana.

El chef Javier Muñoz Orobitg /Foto: Godo Chillida para Los Foodistas©

Uno de los puntos que más nos sedujeron, además de la sutileza y aparente simplicidad con la que se presentan platos muy elaborados, fue el tratamiento de pescados, mariscos y carnes. La cocina tiene una brasa “kamado” (barbacoa japonesa que ahúma a baja temperatura). Allí preparan unos mejillones ‘de lagrimón’, con salsa de coco y curry amarillo al estilo del Sudeste asiático, en los que hay un buen equilibrio de sabores de ese lugar (ligeramente picante). El que se lleva la palma es el Tataki de atún con berenjenas, cremoso de alga Nori y puntos de Wasabi Kizami (un Wasabi suave). El tataki de atún es un mantra que se recita en casi todos los restaurantes de Barcelona (junto con los ceviches) y, a decir verdad, siempre intentamos huir de él, pero esta es una más que honrosa excepción que repetiríamos en una segunda visita.

Mejillones con curry estilo sudeste asiático /Foto: Godo Chillida para Los Foodistas©

Galta estofada; presa ibérica; lomo bajo de más de 45 días de maduración, completan el capítulo de carne. Nosotrxs probamos el canelón de ossobuco, con trufa, shimeji y una demi glace del mismo jugo de cocción de la carne. Además de ser meloso, el sabor profundo delata un buen guisado de carne, vino y verduras, con horas de cocción. La salsa, no sólo es de esas de rebañar sino que gritan alto que aquí la cocina no es cuestión de imposturas sino una profesión que necesita el control de la técnica.

Canelón de La Niña de mis Ojos /Foto: Godo Chillida para Los Foodistas©

La oferta de postres es escueta (5 opciones), estricta y clásica: crujiente de manzanas; brownie con cremoso de chocolate; piña con espuma de coco y sésamo; galleta de chocolate blanco con cremoso de limón y una torrija (que es la favorita de la clientela).

Crujiente de manzanas /Foto: Godo Chillida para Los Foodistas©

La bodega, muy bien nutrida tienen muchas referencias catalanas, pero no faltan botellas con banderas varias. Además de la cocina, hay que destacar con bombos y platillos el servicio de sala, con Dácil (esposa del chef) y Domingo a la cabeza. El proyecto contó con el asesoramiento de Tándem Gastronómico, de Carito Lourenço y Germán Carrizo (de quienes nos has oído hablar más de una vez). Desde enero de 2018, en La Niña de Mis Ojos ofrecen menú de mediodía a 18,60€, que incluye bebida, postre e IVA.

Algo nos queda claro al salir, que a esta “niña” sólo se le consiente la buena gastronomía….

La Niña de Mis Ojos: La Forja 83 (08021) Barcelona

Domingos cerrado

 

 

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