Sobremesas literarias

Publicado el 09.12.2015


Leer, beber, escribir y comer se dan la mano en un extenso libro monográfico editado Jesús Murillo Sagredo y Laura Peña García, bajo el título Sobremesas literarias: en torno a la gastronomía en las letras hispánicas. El libro tiene un tono bastante académico, y traza un largo recorrido que une la literatura hispánica y la gastronomía, desde la Edad Media hasta la literatura contemporánea.

 

Sobremesas literarias, en torno a la gastronomía en las letras hispánicas

Sobremesas literarias, en torno a la gastronomía en las letras hispánicas

 

“Yo, que con un cantarcillo […] al muchacho que trae un pastela a su amo le embarazo la boca con el tonillo para que no dé un bocado al plato y al jarro un sorbo.” Quevedo, Discurso de todos los diablos

Este fragmento de la obra de Quevedo que forma parte una de las citas referenciadas en Sobremesas literarias, es sólo una muestra del profundo vínculo que hay entre la literatura y la comida; una dupla prolífica que atraviesa el teatro, la poesía, el léxico gastronómico y la prosa, por medio de los platos más curiosos y manjares de la cocina hispánica. Sin embargo esta obra no sólo aborda el mundo de la comida, sino el del hambre (como en La Numancia de Cervantes), la gula, la lujuria, el llanto, la risa y el alcoholismo.

La monografía está estructurada cronológicamente comenzando en la Edad Media para llegar hasta nuestros días, recorriendo los más diversos elementos culinarios que han imaginado autores como: Cervantes, Calderón, Quevedo, la mirada de los conquistadoras a través del cura Juan de Castellanos, la de Alejo Carpentier que conjeturó las vivencias (gastronómicas) entre tabernas de Colón, la escritora feminista María Lejárraga, o las referencias más contemporáneas que no dejan de lado la manida Laura Esquivel, y su libro Como agua para chocolate.

Como es de esperar, en esta obra el vino ocupa un lugar privilegiado entre las bebidas mencionadas, además de banquetes reales y festivos con la estructura de sus respectivos menú, el ensalzamiento de determinados alimentos que hoy ni los consideraríamos como tal, los productos de la tierra y otros de los que ya ni oímos hablar. Es interesante ver reflejado en la letras el régimen cotidiano de las comidas en sus diferentes épocas.

Llama especialmente la atención cómo, a través de la relación entre literatura y gastronomía, podemos adentrarnos en cuestiones sociales y políticas tales como las distinciones de clases. Uno de los textos que trabaja esta cuestión es La Celestina. Allí la comida marca un fuerte contraste entre lo culto y lo popular, dejando al descubierto dos miradas prefijadas que marcan la vinculación de la comunidad con los alimentos y bebidas. Por ejemplo se muestra que los bulbos, vegetales y raíces (nabos, cebollas y puerros), estaban reservados a las clases trabajadoras y campesinos. Esto se sustentaba en una cierta teoría medieval, que indicaba que cada grupo estamental le correspondía una dieta concreta, haciendo de la alimentación un régimen vertical y jerárquico. Por ello todo lo que se hundía en la tierra, como bulbos y raíces, estaban predestinados a lo más bajo de la sociedad.

El análisis del hecho alimenticio nos lleva también a recorrer cómo la literatura percibió las hambrunas, las carestías de alimentos en épocas de guerra y, mucho antes, la mirada hacia América de los conquistadores con sus correspondientes construcciones de mitos y leyendas sobre aquello que consideraban las ’Indias’. Precisamente este último tema está abordado desde una perspectiva colonialista, que se refleja en el lenguaje empelado y en etiquetas tales como “tribus precolombinas”, tan poco acertadas como impertinente.

El libro se puede encontrar en PDF para su descarga gratuita, y también en formato papel (con más de 500 páginas), editado por Biblioteca Nueva.

 

 

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  • Juan Pedregosa

    Muchas gracias por la noticia. Aviso igualmente que el enlace de descarga
    no funciona:(

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