Calçots o de cómo comer cebollas sin parar

Una de las mejores comidas que puedes comer en Cataluña son los calçots (calsots en su versión más castellana), idóneas para veganos y para mandíbulas batientes. Los Foodistas somos adictos a esta comida que se puede disfrutar a partir de la mitad del inverno.

Los calçots no son más ni menos que una variedad de cebollas tardías, con forma de puerros. Su nombre se debe al modo de cultivo, ya que se pone un montoncito de tierra sobre los brotes de la cebolla (se calça la tierra sobre la planta). Se producen en el interior de Cataluña y especialmente en la zona de Valls (Tarragona), donde las cebollas gozan de denominación de origen.

Parece que los calçots, se comen desde el siglo XIX, y lo que se cocina son los tallos más tiernos. Se asan a las brasas hasta dejarlos chamuscados y se sirven sobre una teja, para que mantengan el calor. También se pueden cocinar en tempura o al horno, pero lo que no puede faltar es la salsa Romesco. Un delicioso mejunje hecho a base de tomates y ajos asados a la leña, avellanas, almendras, pimientos secos, aceite de oliva y pan, todo junto y bien majado para que al probarlo destapes tu costado más salvaje.

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No hay forma de comerlos si no es ensuciándose de cabeza a pies; lo mejor es pelar la parte quemada con las manos, mojarlos abundantemente en la salsa Romesco, empinar el brazo y engullir. Se adoptan posturas raras y actitudes que podrían ser inadecuadas en algunas mesas, por eso en muchos restaurantes y masías (casas rurales) donde se sirven calçots, ofrecen a los comensales guantes descartables y baberos. Así que esta no es una comida apta para ‘finolis’ o para ir vestidos de gala y nunca hay que olvidar arremangarse para no terminar con la ropa sucia de salsa y restos de cebollas.

p20130106-143206No creas que los calçots vienen sólo acompañados por salsa, después de darte una panzada de cebollas suele haber un plato de carne asada (aquí se acaba la opción vegetariana), patatas hechas al rescoldo, alubias, pan con tomate y, por supuesto, un bien vino servido en porrón.

 

Este fin de semana se celebra la Fiesta de la Gran Calçotada de Valls, dos días para engullir cebollas sin freno alguno. Concursos de comer calçots, de hacer salsa, de cultivadores de calçots, mercado de calçots, son algunas de las actividades propuestas para quienes se entregan a los productos de la tierra sin miramientos

Samuráis y cocina (A tale of samurai cooking)

Bushi no kondate es el título original de esta película japonesa estrenada en 2013, presentada en el Festival de San Sebastián en la sección Kulinary Zinema dirigida por Yuzo Asahara. El filme no pasó por cines comerciales, pero merece la pena para cualquier Foodista inquieto.

Haru (Aya Ueto) es la personaje principal de esta historia que mezcla los clásicos japoneses de samuráis, la gastronomía del período Edo y una dosis de romanticismo (un poco empalagoso). Si pudiéramos aplicar algo parecido al calificativo ‘oído absoluto’, que se emplea para los músicos que tienen una gran sensibilidad, tendríamos que decir que Haru posee un ‘paladar absoluto’. Ella es capaz de percibir todo tipo de matices y sabores, para luego reconstruirlos en platos y técnicas culinarias.

La cocinera recibe una proposición de un chef samurái para que se case con su hijo Yasunobu Funaki, que optó por las espadas en lugar de los fogones. Yasunobu lo intenta pero la cocina se le resiste, a pesar de que debe seguir con el oficio de su padre. Haru le enseña a su marido el arte de la cocina para salvaguardar el honor de la familia y su reputación como chef samurái. En más de una ocasión es ella quien cocina por él, manteniéndose su talento en el anonimato (reforzando las costumbres machistas de la sociedad).

Una peli entretenida que, claramente no estará en los clásicos del cine japonés ni en los de género gastronómico, pero vale la pena verla porque presenta platos interesantes como, por ejemplo, una falsa gruya hecha a base de tofu.

Al punto: platos que despiertan la curiosidad.

Cocido: película entretenida que le da la vuelta a la figura clásica del samurái.

Crudo: la pegajosa historia de amor, reforzada por la construcción de la personaje principal (una ‘rebelde’ que acepta todas las normas de sometimiento de género).